El modelo

Como sociedad civil que somos y que representamos queremos ser un agente activo durante la elaboración de las políticas sociales en el ámbito penitenciario. Pensamos que la única fórmula para avanzar hacia un cambio real y ágil es con la colaboración y cooperación de todos los que estamos implicados.

Defendemos un modelo que va nèixer al CP Lledoners con los Módulos de Participación y Convivencia y se inspira en modelos nacionales e internacionales de éxito como por ejemplo:

  • El Modelo Noruego de la prisión de Bastoy, que ha conseguido tener el índice de reincidencia más bajo del mundo.
  • La Unidad Terapéutica Educativa del Centro Penitenciario de Villabona, que apuesta por un modelo alternativo que transforma la realidad penitenciaria en un espacio educativo.
  • El modelo que implementa la entidad de St Giles Trust en 24 prisiones en el Reino Unido.

Creemos en la rehabilitación, en primer lugar, por efectividad, dado que sirve para reducir la probabilidad de reincidencia. En segundo lugar, por justicia, ya que da nuevas oportunidades para la rehabilitación a personas que muy probablemente han presentado muchos déficits en su trayectoria. Y en última instancia, por humanidad, porque queremos que se reduzcan los efectos colaterales de los castigos (en la misma persona, en las familias).

En Cataluña, según el departamento de Justicia, la media de condena total impuesta al 2016 fue de 7’7 años y las condenas superiores a 5 años fueron el 54,2%, mientras que en Europa fueron el 29’9%. Hay que tener en cuenta que el Consejo de Europa define como pena de larga duración, aquella que supera los 3 años. En cambio socialmente la conciencia dice que tenemos un código penal blando y que las personas no cumplen las medidas de prisión que se les imponen.

La tasa de reincidencia penitenciaria entre el año 2010 y en 2014 en Cataluña, por personas condenadas a una pena privativa de libertad, fue del 30,2% (Capdevila, et.al., 2015). Es decir, tres de cada diez personas que estaban en la prisión en 2010 han vuelto a reingresar por un nuevo delito durante el periodo de seguimiento. Si bien ha disminuido la tasa significativamente respeto en 2008 (que estaba en un 40%), parece debido a características diferentes de la población penitenciaria entre un periodo de estudio y el otro.

Las tasas de reincidencia de las personas que acaban la condena en régimen ordinario son mucho más elevadas que las de las personas que la finalizan en régimen abierto o en libertad condicional (Ibáñez y Cid, 2016). Las personas que acaban la condena en libertad condicional en Cataluña, escogidas por buen pronóstico por parte de los profesionales, sólo reincide un 11,6%, es decir, uno de cada diez (Capdevila, et.al., 2015). En cambio, los internos que han salido directamente desde primer grado reinciden 10 puntos más que los que salen en segundo grado. A la vez, estos doblan en tasa de reincidencia los que salen en tercer grado (Capdevila, et.al., 2015).

Creemos que un modelo penitenciario rehabilitador se tiene que basar en unos principios, incuestionables para nosotros, que aseguren un entorno favorable y de calidad en la intervención profesional. Al mismo tiempo pensamos que el trabajo de las organizaciones del tercer sector y a la sociedad civil dentro de las instituciones penitenciaries tiene que ser más permeable, para garantizar esta apertura hacia el exterior y un contacto con la actualidad histórica.

Nuestra propuesta se basa en 7 principios imprescindibles que actualmente no se están dando en la mayoría de módulos de los centros penitenciarios catalanes. Contamos con unas buenas infraestructuras con buenos profesionales, pero ahora lo que hace falta es aprovechar el conocimiento adquirido, mejorar y encaminarnos hacia la excelencia.

  1. Ausencia de droga y violencia.

    Los internos participan activamente al proteger el módulo donde viven de la presencia de drogas y de actitudes violentas. Esta ausencia de droga hace posible un cambio de contexto y de ambiente radical, que evidentemente favorezca al cambio personal.

  2. Funcionarios de vigilancia como referentes.

    Los profesionales de vigilancia pasan de tener un papel únicamente centrado en el control a ser un agente que acompaña el interno en todo su proceso de reinserción.

    Vigilancia es el grupo de profesionales más amplio y que más contacto tiene con los internos e internas en espacios no formales y por lo tanto espacios del día a día que tienen que ser coherentes con lo que se trabaja en los espacios de tratamiento individualizados y grupos terapéuticos.

    El hecho de ser un referente más educativo propicia una relación de respeto , confianza mutua, cooperación y solidaridad.

  3. Proceso personal del interno como eje central de la estancia a prisión.

    Tomar conciencia, partir de un reconocimiento del recorrido vital y asumir la historia personal, son los puntos de partida básicos de cada interno/a para poder construir un futuro estable.

  4. Participación activa de los internos/se en la gestión de los módulos.

    Se pide el compromiso en toda la organización de la vida dentro de la prisión, proponiendo iniciativas al equipo profesional, para que se tomen decisiones consensuadas con los internos siempre con la supervisión del equipo interdisciplinar de profesional.

  5. Voluntariedad para acceder y oportunidad para todo el mundo.

    Cualquier interno que lo desee de verdad y asuma los compromisos, puede entrar a formar parte de los Módulos de Participación y Convivencia (MPC), sin ningún tipo de exclusión. Creemos que atender desde el ingreso en el centro penitenciario en este tipo de módulos favorece la no aparición del estigma social que comporta la prisión, y en consecuencia y recuperación con un pronóstico más favorable.

    Es imprescindible que la persona opte por estos módulos a sabiendas del compromiso que requieren y el alto nivel de trabajo personal que supondrá. Por lo tanto no puede ser que se obligue a los internos a formar parte de ellos porque los resultados no serán los esperados.

  6. Implicación familiar y comunitaria

    Recuperar el entorno familiar y la relación con la sociedad son aspectos vitales para la rehabilitación del interno.

  7. Finalidad terapéutica y educativa

    Todas las actividades y experiencias que se desarrollan tienen que tener un carácter terapéutico y educativo, que supongan el trabajo de valores de forma transversal  (la escuela, los talleres, y la formación ocupacional…).